Durante un tiempo parecía que cualquier cosa que hiciéramos en nuestro tiempo libre tenía que servir para algo. Si cocinabas bien, podías venderlo; si dibujabas, abrir una tienda; si corrías, documentar tu progreso. Hasta los hobbies terminaron contaminados por la necesidad de producir, mejorar o monetizar. Ahora la tendencia empieza a moverse en dirección contraria. […]