Vivimos en una era donde ser diferente se convirtió en regla. Las redes sociales están llenas de manifiestos sobre “ser tú mismx”, “abrazar tu rareza” y “no tener miedo a mostrarte real”. Pero en medio de tanto discurso de autenticidad, surge una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto esa autenticidad es genuina, y cuándo empieza a sentirse como una actuación?
Ser “auténtico” se volvió el nuevo estándar. Irónicamente, ese estándar también es una forma de presión. No basta con ser buena persona, creativx o interesante: hay que parecerlo, demostrarlo, postearlo. Y si no lo haces, parece que estás fallando.
Cuando mostrarte real se vuelve una performance
La autenticidad forzada es esa sensación de tener que exponer tus imperfecciones, tus momentos “sin filtro” y tus procesos internos, no porque quieras, sino porque ahora eso también se volvió parte del juego. Lo que antes era espontáneo —una idea rara, un gusto extraño, una emoción desbordada— ahora parece tener que presentarse con buena iluminación y subtítulos inspiradores.
Mostrarte vulnerable es valioso, sí, pero no debería sentirse obligatorio. Cuando la vulnerabilidad se convierte en requisito para pertenecer, deja de ser un acto de libertad y se transforma en otra casilla que llenar en el checklist de la identidad online.
La paradoja centennial: destacar sin impostar
Para la generación centennial, que ha crecido entre la autoexploración emocional y la hiperconexión digital, la presión por “ser únicx” se cruza con el miedo a no ser suficiente. Cada post es una oportunidad para validarte… o para sentir que no encajas. El “sé auténticx” suena hermoso, pero también puede ser una trampa: si no tienes una historia fuerte, una estética clara o una forma peculiar de expresarte, ¿eres menos interesante?
La paradoja es evidente: buscamos libertad, pero sentimos que tenemos que seguir ciertas reglas para merecerla. Y eso incluye forzarnos a encajar en un molde de lo “no convencional”.
Autenticidad sin guión: una forma de resistencia
¿Entonces qué hacemos? Tal vez la respuesta está en dejar de intentar “ser auténticxs” como mandato, y empezar a vivir con coherencia, incluso si eso no siempre es aesthetic o viral. Ser tú mismx también puede significar tener días planos, pensamientos contradictorios o identidades en proceso.
La autenticidad real no siempre se nota, no siempre vende, no siempre brilla. Pero se siente. Es la que eliges cuando apagas el teléfono, cuando no compartes, cuando no haces una historia de todo. No hay nada más único que no tener que demostrarlo todo el tiempo.