El cambio climático está intensificando las lluvias extremas en todo el mundo, y muchas ciudades no están preparadas para absorber el impacto. Frente a esta crisis hídrica urbana, surge una solución innovadora: las sponge cities, o ciudades esponja.
Este concepto de urbanismo verde se basa en rediseñar el entorno urbano para que funcione como una esponja natural: en lugar de canalizar el agua de lluvia lo más rápido posible hacia drenajes, se trata de absorberla, filtrarla y reutilizarla de manera eficiente. Parques hundidos, techos verdes, pavimentos permeables y humedales artificiales son algunos de los elementos clave.
China ha sido pionera en esta estrategia, con proyectos emblemáticos como el parque Qunli Stormwater en Harbin, diseñado por el arquitecto Kongjian Yu. En lugar de resistir el agua, el parque la abraza: actúa como un sistema natural de retención y purificación que también ofrece espacio público para los ciudadanos. El objetivo del gobierno chino es transformar al menos el 80 % de las áreas urbanas en ciudades esponja para 2030.
En Europa, ciudades como Rotterdam y Copenhague también han adoptado esta filosofía. Espacios como plazas que se convierten en reservorios temporales y jardines de lluvia están ayudando a mitigar inundaciones, reducir el efecto isla de calor y mejorar la biodiversidad urbana.
Las ciudades esponja demuestran que el futuro urbano no solo debe ser inteligente, sino también resiliente y consciente del ciclo natural del agua. Integrar la naturaleza a la planificación urbana ya no es un lujo, sino una necesidad urgente ante la crisis climática.