La salud mental ya no solo se trata en consultorios. Hoy, miles de jóvenes descargan aplicaciones que prometen bienestar emocional a cambio de una membresía mensual. Calm, Headspace, Aura, Fabulous, y decenas más ofrecen terapias guiadas, meditación, journaling y hasta “psicólogos virtuales” con una estética minimalista y frases de Instagram. Pero en el fondo, muchos usuarios se preguntan: ¿por qué tengo que pagar por respirar?
El self-care se volvió un modelo de negocio
Lo que comenzó como una alternativa accesible al cuidado emocional terminó por convertirse en un ecosistema de pagos recurrentes. La mayoría de estas plataformas operan bajo esquemas de suscripción que, aunque ofrecen pruebas gratuitas, rápidamente colocan herramientas clave detrás de muros de pago. La ansiedad, el insomnio o la necesidad de contención emocional se convierten así en fuentes de ingreso recurrente.
¿Ayuda real o placebo de diseño?
Aunque algunas funciones pueden tener beneficios reales —como rutinas para regular el sueño o ejercicios de respiración—, la falta de supervisión profesional en la mayoría de estas apps genera dudas. Muchas apelan a soluciones rápidas y masivas, despersonalizadas y estandarizadas, que poco tienen que ver con procesos terapéuticos reales. Además, sus mensajes suelen ser motivacionales más que clínicos, disfrazando el consumo emocional de autoayuda con estética wellness.
El lado oscuro del bienestar digital
A la larga, esta tendencia genera una paradoja: si el self-care se vuelve otra tarea más en tu lista, ¿no estás sumando presión en lugar de reducirla? Algunas apps incluso premian la constancia con medallas digitales o te notifican si no “cumples” tu rutina, lo que transforma el bienestar en una obligación cuantificable. En lugar de calmar la mente, muchos terminan con culpa por no cumplir.
¿Qué alternativas hay?
Aunque no todo es negativo —algunas personas sí encuentran apoyo en estas plataformas—, es vital verlas como herramientas complementarias, no sustitutos de la salud mental profesional. Y sobre todo, recordar que el cuidado emocional no debería ser un lujo ni una suscripción más en tu tarjeta.