Durante una ola de calor, el asfalto puede alcanzar temperaturas muy superiores a las del aire. Su color oscuro absorbe radiación solar durante horas y después libera parte de ese calor, contribuyendo al efecto conocido como isla de calor urbana. Por eso algunas ciudades están modificando algo tan cotidiano como sus calles.
Una de las soluciones son los pavimentos fríos o cool pavements. Estos utilizan recubrimientos y materiales capaces de reflejar una mayor proporción de la radiación solar en lugar de absorberla.
Phoenix, Arizona, es uno de los casos más importantes. La ciudad ha aplicado pavimento frío en más de 140 millas de calles y, en estudios realizados junto con Arizona State University, se registraron superficies de hasta 6.7 °C más frías durante el día frente al pavimento convencional.
Pero hay un detalle importante: enfriar el pavimento no significa reducir la temperatura del aire en la misma proporción. Además, una superficie demasiado reflectante puede aumentar momentáneamente la radiación que reciben los peatones. Por eso esta tecnología funciona mejor acompañada de árboles, sombra, vegetación y techos reflectantes.
El beneficio también podría llegar al mantenimiento. Las temperaturas extremas deterioran el asfalto y algunos recubrimientos fríos pueden ayudar a proteger la superficie durante más tiempo.
No existe un material capaz de solucionar por sí solo el calor urbano. Pero si kilómetros de calles pueden absorber menos energía cada día, el pavimento deja de formar parte únicamente del problema y empieza a convertirse en una herramienta para adaptar nuestras ciudades a temperaturas cada vez más extremas.