Uno de los mayores peligros para las ballenas no está escondido bajo el agua: son los barcos. Las colisiones con grandes embarcaciones pueden ser mortales y evitarlas resulta complicado porque localizar a estos animales en un océano gigantesco nunca ha sido sencillo. Una nueva generación de boyas inteligentes está intentando cambiarlo.
Estos dispositivos funcionan como estaciones de escucha instaladas directamente en el mar. Incorporan hidrófonos capaces de captar los sonidos de ballenas cercanas y sistemas de inteligencia artificial que analizan las grabaciones para identificar determinadas especies.
Escuchar una ballena para evitar una colisión
Un ejemplo concreto es Whale Safe, un sistema desarrollado en California que combina boyas acústicas, datos oceanográficos y observaciones para detectar ballenas en zonas con intenso tráfico marítimo.
Cuando el sistema identifica su presencia, la información puede enviarse prácticamente en tiempo real a barcos y operadores marítimos. Así, una embarcación que atraviesa una zona con ballenas puede reducir su velocidad o modificar determinadas decisiones de navegación.
Esto importa porque reducir la velocidad disminuye considerablemente el riesgo y la gravedad de una posible colisión.
Inteligencia artificial debajo del mar
La tecnología permite procesar enormes cantidades de sonido sin depender permanentemente de una persona escuchando grabaciones. Los algoritmos buscan patrones acústicos asociados con diferentes especies y ayudan a determinar cuándo hay animales cerca.
Además, las boyas pueden funcionar durante largos periodos en lugares donde mantener equipos humanos sería costoso o prácticamente imposible.
Tecnología para compartir el océano
Estas boyas no crean una barrera alrededor de las ballenas ni obligan físicamente a los barcos a detenerse. Su valor está en proporcionar algo que antes era difícil conseguir: información rápida sobre dónde podrían encontrarse los animales.
En océanos atravesados diariamente por enormes rutas comerciales, conocer esa ubicación puede permitir tomar decisiones antes de que un barco y una ballena terminen compartiendo exactamente el mismo espacio.
La conservación marina empieza así a incorporar una herramienta inesperada: escuchar el océano para saber cuándo debemos apartarnos.