Transición Verde y Salud Mental: Cómo el Activismo Climático Afecta Nuestra Psique

La lucha contra el cambio climático ya no es solo una cuestión ambiental: también se ha vuelto emocional. A medida que aumentan las noticias sobre desastres naturales, la pérdida de biodiversidad y la lentitud de las políticas globales, muchas personas —especialmente jóvenes— experimentan lo que ya se conoce como eco-anxiety o ansiedad ecológica.

Este fenómeno no es un diagnóstico clínico, pero sí una respuesta emocional real ante la sensación de impotencia y urgencia climática. La paradoja es clara: cuanto más conscientes somos del problema, más difícil puede volverse sostener la esperanza. El activismo, que debería empoderar, a veces desgasta.

La fatiga ecológica aparece cuando el compromiso constante con la sostenibilidad se transforma en culpa, frustración o agotamiento emocional. Desde revisar cada etiqueta del supermercado hasta medir la huella de carbono de un viaje en metro, la presión de “hacer lo correcto” en todo momento puede convertirse en una carga silenciosa.

Sin embargo, también están emergiendo respuestas positivas. Psicólogos, terapeutas y colectivos climáticos comienzan a hablar de la necesidad de incorporar el autocuidado dentro del activismo. Meditar, pausar, conectar con otros y reconocer que ningún esfuerzo es perfecto son formas de sostener el compromiso sin quemarse en el intento.

La clave está en equilibrar la acción con la compasión. Saber que cada paso cuenta, pero que no todo recae en una sola persona. Vivir de forma más ecológica debe ser una elección informada, no un camino de sacrificio permanente. Porque cuidar del planeta también incluye cuidar de quienes lo habitan, emocionalmente.

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