Durante un tiempo parecía que cualquier cosa que hiciéramos en nuestro tiempo libre tenía que servir para algo. Si cocinabas bien, podías venderlo; si dibujabas, abrir una tienda; si corrías, documentar tu progreso. Hasta los hobbies terminaron contaminados por la necesidad de producir, mejorar o monetizar.
Ahora la tendencia empieza a moverse en dirección contraria. Cerámica, tejido, pintura, fotografía analógica, jardinería, clubes de lectura, cocina, rompecabezas y hasta observar aves están recuperando algo bastante básico: hacer una actividad simplemente porque resulta entretenida.
No Tienes que Ser Bueno
Una de las partes más interesantes de este regreso es precisamente abandonar la obsesión por dominar cada actividad. Puedes comenzar a pintar y hacerlo terrible. Puedes aprender crochet sin intención de vender absolutamente nada. Puedes correr sin entrenar para un maratón.
En redes sociales incluso comienza a celebrarse esa imperfección. Mostrar una pieza de cerámica torcida o un primer intento bastante cuestionable puede resultar más divertido que convertir cada aprendizaje en otra historia de transformación personal.
Los Hobbies También se Volvieron Sociales
La tendencia tampoco significa encerrarse en casa. Clubes de lectura, talleres creativos, grupos de running y encuentros alrededor de intereses específicos están convirtiéndose en nuevas formas de conocer personas fuera de las aplicaciones y los círculos habituales.
En lugar de reunirse únicamente para beber o cenar, tener algo que hacer juntos se está convirtiendo en el plan.
Hacer Algo que No Sirva para Nada
Quizá ese sea precisamente el atractivo. En una vida donde estudiamos, trabajamos, respondemos mensajes y medimos constantemente nuestros resultados, dedicar algunas horas a una actividad sin pensar en productividad puede sentirse extrañamente liberador.
Tener un hobby volvió a ser cool, pero no porque necesitemos otra habilidad para presumir. Lo verdaderamente atractivo puede ser tener algo que hacemos simplemente porque nos gusta hacerlo.